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¿Quién dijo que no hay inversión para emprendimientos en Costa Rica?

La escasez de capital está en la naturaleza de este negocio

AUTOR: Allan Boruchowicz

A los ticos nos encantan las excusas. En vez de aceptar las derrotas, ajustar la propuesta y reiniciar esfuerzos, preferimos echarle la culpa a otro por nuestros fracasos. Nos hemos convertido en artistas para justificar nuestra mediocridad y convertirla en protesta; protesta de la contagiosa.

Es por lo anterior, que escuchamos constantemente las tesis vacías que dicen cosas como “el pobre es pobre por culpa del rico” o la popularísima en el mundo del emprendimiento que dice que en Costa Rica “es imposible emprender porque no hay inversión ángel.”

Para todos aquellos que han abandonado el emprendimiento al son de esta coartada, simplemente quiero decirles que –a diferencia de lo que piensan- las verdaderas razones de su fracaso muy probablemente fueron las siguientes:

No se hizo el esfuerzo suficiente para encontrar a los inversionistas que pudieran estar interesados
La propuesta simplemente no es lo suficientemente interesante y/o robusta como para levantar capital
Me atrevo a decir que en Costa Rica, la mayoría de los startups fallan no por una pero por una combinación de las dos anteriores razones.

En todo caso, a diferencia de lo que muchos emprendedores piensan, estas situaciones no son el fin del mundo. Afortunadamente, las dos razones son solucionables y, más que solucionables, son un paso crítico para cualquier emprendimiento, dado que sirven como pruebas reales para validar si lo que el startup propone, realmente es una propuesta que funciona y que tiene atractivo en el mercado.

Este proceso de validación permite “pivotear” para solucionar falencias y reconstruir el modelo de negocio, permite identificar la necesidad de mayor preparación para liderar el negocio o, brinda retroalimentación para seguir avanzando la propuesta inicial y en paralelo continuar explorando con más potenciales inversionistas hasta encontrar a los que puedan estar interesados. Es cuando se han agotado todas estas alternativas que hay que saber reconocer que las cosas no están funcionando. En ese momento, es mejor "cerrar el chinamo" y enfocarse en un próximo proyecto, pero no antes de haber agotado las opciones anteriores.

Si algo es claro sobre un emprendedor verdadero, es que este no baja la cabeza o busca excusas. El emprendedor verdadero es tenaz, evoluciona, constantemente se reinventa. Para este tipo de emprendedor la consecución del capital no es más barrera que la de enfrentar a sus competidores en el mercado. Lo que realmente escasea en Costa Rica no es la inversión ángel, es el emprendedor verdadero, esa especie exótica de líderes que sí es sujeta confiable de inversión de riesgo.

La escasez de capital está en la naturaleza de este negocio

Para un startup en nuestro país, como en cualquier otra parte del mundo (incluyendo Silicon Valley, Boston, Londres o Tel Aviv), es realmente difícil levantar capital. Si fuera fácil, habría muchos más fraudes, muchos más startups fallidos y como resultado, un porcentaje mucho más bajo de empresas exitosas. El modelo de inversión en startups es exitoso únicamente cuando responde a un alto nivel de rigurosidad de selección, en donde se financia solo lo mejor de lo mejor. Los inversionistas ángeles reconocidos, aquellos que logran retornos superiores en su inversión de manera sostenible, son extremadamente selectivos. Para demostrar de forma más clara y específica este punto voy a hablar con base en datos reales y un par de supuestos básicos:

En Estados Unidos, como ejemplo, un inversionista ángel sofisticado usualmente pertenece a una red de inversionistas. Estas redes se dedican a atraer, consolidar y filtrar oportunidades de inversión en startups para beneficio de un grupo amplio de inversionistas ángeles que tienen la posibilidad de invertir conjuntamente. Según Forbes Magazine, estas redes evalúan en promedio 80 oportunidades de inversión cada mes , de las cuales un comité de inversión selecciona únicamente el ~10% para presentar ante el grupo completo. Segun el Angel Capital Association (ACA), se estima también que los inversionistas ángeles activos tienen un portafolio promedio de entre 10 y 12 inversiones en startups de forma permanente . Si asumimos que la vida promedio de una inversión en un startup en etapa ángel, desde que se invierte hasta que se liquida o se descarta, para uno de estos inversionistas es ligeramente menor a 3 años, un inversionista estaría expuesto a más de 90 oportunidades al año pero invertiría únicamente en entre 3 y 4 startups (osea, menos de 5% de las oportunidades que le presentan).

Si tomamos los números agregados que presenta el Center for Venture Research de la Universidad de New Hampshire, la cual toma en cuenta a todos los inversionistas ángeles que no forman parte de una red, el Yield Rate (el porcentaje de oportunidades que logran fondearse -parcial o totalmente- sobre el total de las oportunidades que son presentadas a los inversionistas) es históricamente de un 15%, o 1 de cada 7 oportunidades . De igual forma sigue siendo bastante selectivo, especialmente cuando tomamos en cuenta que –generalizando- un startup que presenta una propuesta de inversión a un ángel en Estados Unidos, va a estar más preparado y fogueado en el arte de interactuar con inversionistas que la mayoría de los emprendedores que encontramos en nuestro país.

Aquí es donde aplica el concepto trillado que todos conocemos: el famoso dilema de "el huevo o la gallina". En Costa Rica parece que no hay casi inversionistas ángeles, pero la realidad es que hay bastantes inversionistas suficientemente sofisticados como para analizar este tipo de inversión. Lo que aún no tenemos es un verdadero volumen de startups de calidad que presenten propuestas de manera constante a estos inversionistas. Si tuviéramos un flujo de oportunidades que le permitiera a un inversionista ver 5 a 10 oportunidades al año, tendríamos mucha más inversión en startups y muchos más inversionistas activos. Hasta me atrevo a suponer que tendríamos yield rates más altos en Costa Rica que en los mercados más desarrollados (mi estimación es de ~1/5).

Debemos de entender adonde estamos para saber hacia dónde vamos

Tenemos que recordar que la inversión semilla, dentro del contexto del mundo de inversiones, es -por definición- de las alternativas más riesgosas. Pero, como toda inversión, la realidad es que la toma de decisiones es en gran parte producto del análisis relativo (o costo de oportunidad). Los inversionistas tienen un número finito de capital para invertir y, dependiendo de los distintos perfiles de riesgo, estos deben saber cuánto pueden disponer para inversiones en startups. Sin embargo, si no logran invertir en startups, van a colocar ese capital en algún otro tipo de instrumento. Viceversa, si encuentran un volumen significativo de startups interesantes, el espacio para inversión ángel podría aumentar en detrimento de otro tipo de activo en su portafolio. En síntesis, los inversionistas están ahí y tienen la plata, simplemente no hemos tenido suficientes argumentos para convencerlos de invertir más en inversión ángel.

De manera similar sucede entre los mismos startups que compiten por los dólares de inversión ángel. Un startup muy atractivo va a tener mayores probabilidades de levantar capital si presenta a inversionistas que están constantemente viendo otros startups menos atractivos que si presenta a inversionistas que no están viendo oportunidades en inversión ángel del todo.

Lo que es importante que entendamos es lo siguiente: que el inversionista sea riguroso y selectivo, no quiere decir que este casi no invierta capital. El yield rate para un inversionista es difícil que varíe drásticamente, pero podría invertir mucho capital si tuviera acceso a un volumen significativo de oportunidades de calidad sobre las cuales elegir.

Es por eso que debemos generar masa crítica sin sacrificar calidad y así poder darle dinamismo a un potencial “ecosistema”. A esta altura, realmente lo que tenemos son un par de seres vivientes pero no interactúan lo suficiente entre sí como para llamarle ecosistema. Pero no estamos lejos de dejar de gatear y empezar a caminar.

Vamos por muy buen camino

Para convertirnos en un “ecosistema” sostenible los jugadores tenemos que cumplir un rol específico dentro de un esfuerzo común. Algunos de los principales jugadores han dado pasos firmes en los últimos años: La competencia de planes de negocio Yo Emprendedor, por ejemplo, ha empujado a los emprendedores a salir de sus cuevas, entrenarse y ganar exposición. El MEIC y el MICIT están insertándose en el rol fundamental de invertir en los proyectos en la etapa más vulnerable y así darle un empujón a los emprendedores para llevar su negocio a una posición más fértil para recibir inversión ángel y crecer. Las incubadoras y aceleradoras como Auge, Parquetec y Carao Ventures estamos tratando de mejorar la disponibilidad de recursos para emprendedores y así minimizar la muerte prematura y potencializar el desarrollo. Y, los inversionistas han demostrado ser más activos en participar de inversiones, aunque estos también deben de ser más proactivos en identificar oportunidades de inversión y consolidar redes para apalancarse entre ellos para hacer mejores inversiones, más grandes y de mayor impacto.

Sin embargo, más importante que todo lo anterior, es el rol de la comunidad emprendedora. El emprendedor debe tener mayor convicción y mayor confianza en sí mismo, debe navegar por los procesos necesarios para poder aprovechar de las oportunidades que le ofrecen los otros jugadores –y todo lo demás que tenga a su disposición- y efectivamente dedicarse en cuerpo y alma a hacer su sueño realidad. Este es el perfil de emprendedor que las aceleradoras quieren apoyar y que el inversionista considera sujeto de inversión.

Los resultados se están viendo: Solo en 2013, el programa Capital Semilla del Sistema Banca para el Desarrollo otorgó cerca de US$500,000 entre 13 emprendimientos de muy buen nivel. El fondo Propyme colocó cerca de $1 millón en proyectos de innovación. Un emprendimiento salido de Parquetec logró una inversión de $1 millón de dólares en una transacción que valoraba la Compañía en cerca de $3 millones. Auge inicio operaciones de incubación con una primera generación de 30 interesantes emprendimientos. Y, con menos de un año de operación, Carao Ventures junto con su red de inversionistas privada alcanzó US$1 millón en inversiones en 2 startups acelerados y proyecta por lo menos duplicar este monto de inversión en el 2014. Es cierto, estas no son cifras astronómicas como las que leemos todos los días en TechCrunch y Business Insider. Pero, la conclusión más interesante que me llevo es que, de los emprendedores de primer nivel que conocí (y con los que trabajamos) en 2013, todos pudieron asegurar el capital que necesitaban para avanzar sus negocios, de inversionistas ángeles y a términos favorables.

Tenemos que digerir el avance del 2013 como el comienzo de una nueva etapa y no como la continuación vegetativa del modelo antiguo y expirado que teníamos en Costa Rica hace 5 años. Estoy seguro que en 2020, tendremos a nuestras espaldas un crecimiento exponencial de este nuevo y vibrante ecosistema de emprendimiento nacional.